investigación: Alfonso Borragán
 

Nace el 29 de julio de 1983 en la tierra del agua, Santander, bajo una tormenta de verano. Es artista plástico, fotógrafo y diseñador multimedia. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, obtiene el Diploma de Estudios Avanzados en el 2008, en el programa de doctorado “La realidad asediada: posicionamientos creativos”. Ha sido profesor de “imagen digital” en el Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña. Actualmente trabaja en su tesis doctoral titulada: “Procedimientos y artefactos en la creación de la imagen desde el arte contemporáneo”, ejerciendo como docente en el proyecto-escuela “la recámara”, situada sobre la duna de Somo, Cantabria. Su actividad artística e investigadora se centra en la creación de artefactos para generar imágenes, a dos aguas entre el inventar y el imaginar.

 

 

“Los árboles y arbustos constituyen un mundo denso y complejo en que el saber antiguo ha penetrado profundamente desde los tiempos más remotos. Por un entendimiento indiviso de la naturaleza y la continua experiencia empírica de las propiedades y características de cada uno de sus elementos, el hombre ha reconocido en muchos árboles y plantas, fuerzas, ritmos y pulsaciones con que simboliza sus primeras visiones cosmogónicas. El conocimiento que la tradición popular tiene de su entorno en general y de la vegetación en particular ha sido fundamentalmente mágico, a pesar de que la conciencia de ello está cada vez más sepultada bajo un rudimentario código científico-racional de aculturación que se va imponiendo irreversiblemente.”
“Los druidas celtas practicaban cultos al espíritu de la vegetación y formularon una de las nociones más antiguas sobre el origen y el fin del hombre. Relacionaban trece árboles y arbustos con los trece meses del año lunar, y conocían a fondo sus propiedades y las extrapolaciones mágicas derivadas de ellas, que jugaban un papel importante en el transcurso de su vida material, social y religiosa. La dendolatría y la dendromancia, la adivinación del futuro relacionada con el roble y el muérdago, han sido de los primeros surcos por donde se encauzaron la religiosidad y sus cultos.” (Bignia Kuoni)

“Cuando nuestros antepasados se aventuraron a fabricar los primeros cestos trenzados para la recogida de las bayas y para la conservación de las simientes, probablemente observarían durante largo tiempo, y con atención, el trabajo paciente de los pájaros tendente a construir el propio nido, y en ellos seguramente se inspirarían.
La innumerable variedad de fibras que la naturaleza ofrece y la belleza de algunas ramas con nudos y colores han constituido la materia prima, localizable con cierta facilidad, que ha llevado al hombre a la práctica del trenzado. Es muy factible Que sucediese de esta manera, en un principio por necesidad, para satisfacer necesidades básicas, después, como en todas las actividades humanas, la técnica se iría perfeccionando favorecida por la creatividad individual.
El trenzado es una técnica de origen prehistórico. Anterior tanto al tejido como a la cerámica. Por la facilidad de obtención de la materia prima y por la inexistencia de instrumentos específicos de trabajo, el trenzado ha tenido una gran difusión geográfica, y sólo el deterioro de los materiales usados ha impedido datar los orígenes de esta actividad artesanal."
"En determinadas zonas. El crecimiento espontáneo de vegetación con características apropiadas para el trenzado trajo consigo que, en las poblaciones situadas en las mismas. Apareciera una serie de costumbres y tradiciones particulares unidas a este arte y, sobre todo, técnicas de elaboración específicas, patrimonio de profesionales que han, custodiado y transmitido los conocimientos y trucos del oficio durante generaciones. Así, por ejemplo, los recipientes que se construían en las zonas de montaña e realizaban con fibras robustas como el abedul, el castaño y el avellano, fibras de que requerían de la mano fuerte del hombre, tanto para el aprovisionamiento como para la elaboración.
El campesino conseguía las fibras en los bosques, las preparaba y las trenzaba en los momentos en los que no estaba ocupado en su actividad principal. Todo esto dentro de una lógica de autarquía y no de despilfarro: aprendía de los ancianos y transmitía a los hijos todas las técnicas, incluso las más secretas. Quizá sea ésta la única forma de expresión artística del trabajo manual del campesino." (Paola Romanelli)


link: www.alfonsoborragan.com

trabajos realizados:
qigi-tanít, la madre de los rios. Trabajo realizado entre el año 2002 y 2007.