| imágenes: espacios de resonancia |
Estas
imágenes se iniciaron en el verano del 1999 y se terminaron en el
verano del 2002. El trabajo de campo se desarrolló en entornos de
alta montaña del Pirineo central y oriental, con una cota mínima
inicial de 2000 metros, aunque, en alguna ocasión, ésta no
se superó. El conjunto, dividido en cuatro series de diez imágenes
cada una, es un viaje en las cuatro direcciones del espacio, en diez pasos,
estados o imágenes por recorrido. Finalmente, se añadió
una quinta serie de cuatro imágenes, como síntesis de los
cuatro caminos, u onceava imagen de cada serie. Un total de cuarenta y cuatro
imágenes, equivalentes en número a mi propia edad en el momento
de concluir el trabajo. Las imágenes están compuestas por
una fotografía y un texto, que hacen referencia a una experiencia
de con-tacto concreto de cuerpo, tiempo y lugar. |
Desde la antigüedad, altares, menhires, hitos y señales levantados por el hombre en su deambular errático y nómada, al igual que algunas de las grandes piedras caídas de las montañas o afloraciones naturales de rocas, se asientan de manera aislada sobre canchales, praderas y bosques. Con el tiempo arraigan y toman lugar, convirtiéndose en hábitat y morada de genios y duendes. Estos centros de energía se expanden con mayor o menor fuerza, dependiendo de su particularidad geodésica, condiciones atmosféricas y posiciones astrales, esencialmente lunares y solares, definiendo de esta forma campos y límites e impregnando estos sitios de su singularidad, magia y resonancia. |
LOS HITOS, LOS NODOS, LA VISIÓN. Los hitos son revisados, los pilares restaurados por el caminante que accede y asciende. En lo sabiamente pulido se construirá esta arquitectura de los espejos, que noserá como la de laberintos de las atracciones de feria, sino artilugio del poder mirar y salir de las mayores dolencias. Sólo distancia y desapego. Generalmente olvidamos lo que más profundamente nos duele. Lamentamos ya sin motivo conocido. Subimos el camino en la búsqueda, marcando la melodía adecuada, deshaciendo el laberinto en la manera que sabemos que la natura es como nosotros somos, y tan sólo podemos elegir y aceptar un punto en el espacio y el tiempo. Un decir sí es hacer un clic, y aceptar la afección por la luz que entra concentrada en nuestra cámara oscura de percepción. ¿Cómo encontrar y reconocer cada “imagen nodo” de esta construcción? Tan imbuidos en la experiencia de lo costoso y en la burbuja sonora que nos aqueja, entendemos que hallamos coincidencias, paradojas y reincidencias en la emoción que llegan a trascender la montaña y su concepto. La cámara, como dice el amigo Pep, es una extensión natural y consecuente del cuerpo: ella sabrá actuar como si de repente fuera animada. Tomamos consciencia plena de ésta nuestra ceguera, enfocamos la atención sin intención. Entender el juego es superar el tiempo y las apariencias programadas. Ver cómo las emociones regresan a lugares aparentemente recónditos, reflejados en renovada forma natural. Nos hacemos multidimensionales, o mejor dicho, tomamos consciencia de que lo somos, y al tiempo comprendemos lo intemporal del sentir desde los nodos del mapeado corporal. Pero, en la acción, todo esto son apariencias, cuando en el laberinto de espejos sabemos interpretar los reflejos. Así nos lo enseña Mata, marcando los pasos de menor incidencia, reconociendo las vibrantes marcas para el buscador, interpretando los reflejos. Un hito de piedras se asimila a la forma de la glándula pineal, órgano fundamental para la visión interna, como apuntan ciertas disciplinas antiguas. Dicen que es acuosa y tiene receptores sensibles. La luz que entra por nuestras retinas incide en ella, marcando los ciclos y frecuencias en nuestros cerebros. Este pequeño lugar de nuestro organismo puede llegar a calcificarse, convertirse en piedra, a ser congelada como lo fue el mago Merlín en la leyenda Artúrica. Ir en busca de la dama del lago nos hará recuperar el poder de antaño, la espada que quiebra definitivamente nuestra maraña de murmullos y artilugios. Un verdadero proceso alquímico y transformador para el silencio pleno, la disolución de los males y achaques del viaje. La cámara es oscura porque su agua es sensible, y en la superficie de la laguna se dibuja el mapa de salida. Lanzar la piedra, mirar la onda. Atilio Doreste, abril 2009 |
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